“Yo…he visto cosas que vosotros no creeriais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tanhauser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo…como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir”.

Rick Deckard miraba perplejo al replicante mientras se iba apagando bajo la lluvia. En ese instante se dió cuenta que no habían venido a la Tierra en busca de venganza, sino en busca de respuestas. Sencillamente, habían desarrollado una consciencia que les permitía percibir su propia muerte y temer tan inevitable final. Lo que diferenciaba a los humanos del resto de criaturas había sido imitado por los replicantes. Su padre Tyrell no había previsto aquella evolución de la IA con la que programó a sus amados Nexus 6 y había sufrido en sus propias carnes la frustración de Roy Batty al realizar que su creador jamás le daría la clave para evitar ese fin inminente.
Deckard ahora solo podía pensar en Rachel ¡Si a los primeros Nexus 6 les estaba llegando su final, ella sería la próxima!
En ese momento las luces de un Speeder patrulla le devolvieron a la azotea encharcada. Gaff le felicitó por el trabajo realizado pero le recordó que aún no había acabado. Rachel. Tendría que ser la siguiente.
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Ya amanecía cuando Rick Deckard atravesó la puerta del ascensor y se dispuso a atravesar el estrecho pasillo que llevaba a su puerta. Disponía de poco tiempo antes de que alguien se diese cuenta que nadie en la policia podría contactar con él a través de la radio. Recogió a Rachel y la llevó corriendo hasta su ascensor. Tenía todo arreglado para marcharse lejos, a las montañas del Norte, uno de los pocos lugares que aún conservaban algo de vida que no fuese artificial. De no haber sido por el reflejo de los rayos del alba en el papel de aluminio, jamás habría visto el unicornio de papiroflexia que yacía en el suelo. Mientras lo recogía lentamente se dió cuenta de todo. Gaff había estado allí antes que él y esa señal le indicaba que nunca conseguiría escapar a su destino. Aquel ser mitológico tampoco era una casualidad. Gaff conocía los sueños recurrentes con los que Rick se desvelaba todas las noches desde hacía una semana. El unicornio cabalgando entre tinieblas. Aquel sueño inexplicable tenía sentido después de todo, aunque no por ello tenía que ser reconfortante. Rick conocía el proyecto en el que había estado investigando la policía unos años atrás. Replicantes para acabar con replicantes. Robots alistados por el cuerpo para acabar con sus semejantes. Aunque nunca pensó que él fuese uno de ellos. El unicornio de Gaff era un mensaje: Conozco tus implantes de memoria. Rick se sonrió. ¡Maldito sabueso! Le había estado utilizando durante todo ese tiempo y lo peor de todo es que no podía hacer nada para evitarlo. Estaba programado para ello.
Rachel seguía esperando inmutable en el ascensor. Rick volvió hacia ella y pulsó el botón que les llevaría hasta el parking. Mientras la puerta del ascensor se cerraba con un silbido, Deckard descorrió el seguro de su arma reglamentaria.

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